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AIRE PURO
Los ácaros necesitan unas condiciones de temperatura (20-28° C) y de humedad (60-85%) a nivel doméstico que resultan idóneas para su crecimiento. Pero a los ácaros también les gusta sentirse cobijados, protegidos. Por ello tienden a acumularse en aquellos lugares donde se encuentran más “arropados”: colchones (principalmente los de lana), almohadas (mayoritariamente las de lana o de plumas), mantas, alfombras, moquetas, cortinas, muebles tapizados, peluches, libros, etc. Debido a ello, se ha intentado rebajar la “carga alergénica” a partir de algunos de los aspectos señalados: desde acaricidas cuya función consiste en eliminar los ácaros vivos durante determinados períodos de tiempo, hasta disminuir la humedad interior de las casas, ya sea mediante el uso de desecadores (deshumidificadores) o, más simplemente, a base de una aireación diaria y por tiempo suficiente de la vivienda, pasando por la supresión de aquellos objetos que constituyen el habitat preferencial de los ácaros y que hemos citado anteriormente.
Por ello, una posible solución para las alergias respiratorias producidas por la inhalación de agentes productores de alergias en las personas sensibilizadas, como es el caso de los ácaros del polvo doméstico, consistiría en la utilización de aparatos que “limpiaran” el aire que contiene las partículas alergizantes en la estancia o estancias donde se desenvuelve de manera más frecuente la vida diaria del paciente, es decir, la utilización de purificadores de aire en lugares como la habitación.
Para disfrutar tanto en su casa como en su ambiente laboral de un aire limpio, puro, sano y vital, en estos tiempos han proliferado los ionizadores de aire.
Como vivimos insertos en una atmósfera peligrosamente contaminada, tanto con hollín, alquitranes y gases tóxicos emitidos por la combustión de los automóviles y vehículos en general; en una atmósfera alterada desde el punto de vista electrónico debido a las cargas estáticas del ambiente.
Un aspecto fundamental en el tratamiento de cualquier enfermedad alérgica es tratar de evitar que la persona afectada se ponga en contacto con la (o las) sustancias (antígenos o alergenos) que constituyen el (o los) agentes responsables de sus manifestaciones alérgicas. Sin embargo, en muchos casos la eliminación total de sustancias responsables de producir unas determinadas alergias, principalmente aquellas que afectan a las vías respiratorias, no resulta fácil ya que dichos alergenos se encuentran ampliamente difundidos en el aire que respiramos, como es el caso, por ejemplo, de los ácaros del polvo doméstico y de los pólenes. En estos casos se han preconizado medidas parciales de desalergenización ambiental a nivel de la vivienda de la persona afectada y más concretamente de su habitación, cuyo posible éxito vendrá condicionado por dos factores, siendo el primero de ellos la cantidad de alergeno presente en una área determinada de la vivienda (habitación, salón, etc.) y el segundo, la eficacia demostrada por los métodos utilizados para disminuir la “carga alergénica” de la zona en cuestión.
Ciñéndonos al caso de los ácaros presentes en el polvo doméstico, una de las causas principales de alergias respiratorias, la cantidad de alergeno presente en el aire depende de varios factores. En primer lugar de la zona geográfica de que se trate y en segundo lugar de las condiciones existentes en el interior de la vivienda.
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